Una de las alegorías más famosas de Benjamin se refiere a una extraña máquina redentora automática capaz de ganar siempre, en un juego de ajedrez, a cualquier adversario. Se encuentra en la primera tesis de su último texto, Sobre el concepto de historia, escrito a principios de 1940, poco antes de morir. Se trata de la leyenda de un muñeco autómata disfrazado de turco que juega sobre una mesa que oculta, mediante un sistema de espejos, a un diminuto ser humano: un enano jorobado, gran maestro en el ajedrez, que controla con hilos la mano mecánica que mueve las piezas. En la réplica filosófica de este aparato, explica Benjamin, la marioneta se llama «materialismo histórico» y siempre triunfa: «Puede desafiar a cualquiera si toma a su servicio a la teología que hoy, como se sabe, es pequeña y fea y no puede dejarse ver».