Cuando Donoso en Sitges, España, se entera, gracias a un telefonazo de Jorge Edwards, anota en su diario: “Terrible. Inexplicable. ¿Cómo puede ser tan grande el odio? ¿Después de haberse querido y admirado tanto? ¿Y Patricia? ¿No es la mujercita latinoamaricanita (sic) sumisa y se acostó con el Gabo? ¿Qué pasa? De alguna manera esto termina definitivamente con el boom.”