Sin embargo, por un momento se sintió como en casa. Fue solo una sensación pasajera, pero después de todo el trabajo y el cansancio de esos días, comer algo fresco y rico le dio un ánimo inesperado: era totalmente absurdo, pero le pasó por la mente que había incluso algo bello en estar ahí, mirando el fuego, masticando un pan fresco, vestido con ropa limpia, y el cuerpo, molido por el cansancio, que finalmente reposaba