Las historias inspiran a aceptar los giros inesperados de la vida y seguir adelante. Lo único que no me gustó es cómo cada protagonista describe a la señora Komachi.
Historias muy lindas, conectadas una tras otra. Aunque siento que el título es apenas un pretexto para todo lo demás.
Es como dar sorbitos a una taza de café que mantiene su calor. Pequeñas historias hiladas por los encuentros entre los personajes y que embellecen lo cotidiano a través del color.
Con esta autora acabo de conocer el género healing fiction. Ahora puedo reconocerlo en otro tipo de obras y es hermoso. Su redacción me traslada a los lugares que describe y me hace anhelar volver a Japón.