Así que tenemos la delicada responsabilidad de “administrar” (cuidadosa toma de decisiones) nuestro cuerpo, de tal manera que gocemos de plena salud. Esto implica tomar decisiones diarias respecto de las mejores condiciones que contribuyen a la salud: lo que comemos y bebemos, el ejercicio y el descanso adecuados, la pureza del aire que respiramos y la adecuada exposición al sol, una sabia temperancia, y un reposado espíritu de confianza en nuestro Dios.