Me habría dicho que no era normal, que sí, que era una criatura inocente, pero que tenía una necesidad muy profunda y poco corriente de que me perdonaran, pese a no haber hecho nada malo. La mayoría, me dijo, nos eximimos de la responsabilidad del cambio embelleciendo nuestro pasado, y luego vivimos libres y felices, o si no del todo felices, al menos sí sin una angustia insuperable.