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Martin Kohan

Confesión

  • Alfonso Velascoje citiraoprije 10 mjeseci
    El vientre, el incendio y la mano. Porque un incendio como ese, metafórico y no literal, no se apagaba echando agua. Tampoco cubriendo con frazadas. Tampoco soplando. Ese incendio era figurado y pasaba dentro de ella. Llevó la mano hasta su vientre, para apagarlo.
  • Alfonso Velascoje citiraoprije 10 mjeseci
    El vientre, el incendio y la mano. Porque un incendio como ese, metafórico y no literal, no se apagaba echando agua. Tampoco cubriendo con frazadas. Tampoco soplando. Ese incendio era figurado y pasaba dentro de ella. Llevó la mano hasta su vientre, para apa
  • Cristian David Hernandez Chavesje citiraoprije 4 godine
    Se dice que la ciudad le da la espalda al río. Lo bien que hace. El reproche, que es frecuente, supone que hay desperdicio, negligencia, necedad. La ciudad tiene su río, como lo tienen tantas ciudades: París y Londres y Frankfurt, o, para no ir tan lejos, Montevideo; la ciudad tiene ahí su mejor paisaje, como Rosario tiene las islas o Santiago la cordillera. Y, en vez de contemplarlo, lo ignora. Metáfora o literalidad: le da la espalda.

    ¿Hace mal? El río es horrible. Es espeso y es turbio, es monótono y es chato. No transcurre ni ofrece nada; su oleaje, si sopla viento, es remedo del auténtico, más bien una frustración de oleaje. Es peor que un río inmóvil: es un río que no sabe moverse. Se sacude, irregular, o se atasca en su mismo sitio, sin ritmo ni gracia, como un animal demasiado grande o una mole demasiado torpe.

    ¿De dónde viene? Del Paraná y del Uruguay. Pero perdió, entretanto, sus virtudes. Porque a los ríos no solo se los ve correr, uno también sabe que corren; que son otros cada vez, que no se quedan sino yéndose; uno sabe lo que le dieron a pensar a Heráclito y, con él, gracias a él, a todo el resto. ¿Y adónde va? Va hacia el mar Argentino, hacia el océano. Pero no tiene, todavía, sus virtudes. Porque a los mares no solamente no se los ve terminar, uno sabe que no terminan. Es por eso que se vuelven horizonte: porque llegan, en efecto, al horizonte. Esto otro es cortedad de vista, nada más: falta de ángulo, de perspectiva.
  • Cristian David Hernandez Chavesje citiraoprije 4 godine
    Dijo y dice Mirta López, mi abuela. Y dice que el padre Suñé se quedó en silencio un rato, puede que medio minuto o menos, pero que a ella le pareció todo un siglo. Hasta que por fin habló y preguntó: si había tenido malos pensamientos. No antes, ni durante, sino después de aquello. Mirta López dijo que no. Ante lo cual el padre Suñé preguntó: si había tenido malos sueños, sueños pecaminosos, después de aquello. Mirta López dijo que ella nunca recordaba qué era lo que había soñado, que había llegado a pensar que no soñaba, que no tenía esa capacidad, pero que la maestra de quinto, la señorita Posadas, le había dicho que soñar soñamos todos, que soñar se sueña siempre; solo que ella no recordaba haber tenido malos sueños después de aquello, que de haberlos tenido seguramente se los acordaría, y que no, no se acordaba, de manera entonces que no: malos sueños no había tenido.
  • Cristian David Hernandez Chavesje citiraoprije 4 godine
    ¿Crees que has pecado? ¿O has pecado?

    Mirta López no sabía. Es decir, no estaba segura. De que existía, de un lado, el bien, de que existía, del otro, el mal, tenía perfecta noción: lo aprendió en la comunión, lo intuía desde antes, acababa de ratificarlo al confirmarse en la catedral de Mercedes. Dios y Lucifer, el cielo y el infierno, la virtud y los pecados; así de simple. ¿Y entonces? ¿Por qué no podía responder? El padre Suñé esperaba. La iglesia de San Patricio esperaba. La rondaban un mareo y un llanto. Apoyó una mano en la madera, para mejor sostenerse, y afirmó los doce años de sus rodillas intactas en el cobertor apenas mullido que acogía a los culposos. Mentir es siempre un pecado; aquí, en la casa de Dios, es un pecado mortal. Pero ella no iba a mentir, por supuesto; no sabía y era verdad.
  • Cristian David Hernandez Chavesje citiraoprije 4 godine
    Mirta López, mi abuela, la que sería mucho después mi abuela, camisa blanca y pollera azul y una vincha elástica, también azul, sujetando y ordenando su pelo, dijo así: he pecado, y a continuación: o creo que he pecado. Los verbos conjugados de esa manera, en pretérito perfecto, forma adecuada para la confesión y para todas las declaraciones solemnes (para las promesas, el futuro: no volveré a hacerlo; para los pecados, el pretérito perfecto: he mentido). Dijo y dice, palabras textuales, y aunque ahora levanta la cabeza, para una mejor evocación, en ese entonces la bajó, avergonzada: el mentón tocando el pecho, la vista ausente sobre las propias manos, un sollozo contenido.
  • Diego Camposje citiraoprije 6 godina
    Haberlo besado, por lo pronto, o haberse besado con él, significaba, de hecho, que estaban de novios. Así era para ella, así era para él, así era para sus amigas, para los chicos del club, así era para todos en Mercedes
  • Diego Camposje citiraoprije 6 godina
    De ella le gustaba todo, y ese todo le gustaba tanto que de la parte que no conocía (su forma de ser, por ejemplo) no podía imaginar sino que iba a gustarle también
  • Diego Camposje citiraoprije 6 godina
    Saer era de Santa Fe: territorio de puras orillas.

    Borges, de Buenos Aires: la ciudad que le da la espalda al río.

    Y Mallea, de Bahía Blanca, que fue más lejos, que es más extrema: que le dio la espalda al mar.
  • Sócrates Ramírezje citiraoprije 6 godina
    La prohibición de baño en el Río de la Plata se estableció en los años sesenta, debido al alto grado de contaminación de las aguas.
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