Me gusta la palabra extraño. Cuando eres un extraño, estás dentro y fuera al mismo tiempo. Estás ahí, pero no del todo. No eres nadie, pero tienes también infinitas posibilidades de ser alguien. Ser un extraño es un antídoto frente a los límites de ser alguien. No es una etiqueta reductora y permanente, como puedan serlo persona sin hogar, exiliado o refugiado. La palabra extraño reclama instantáneamente una curiosidad pura y, para aquellas personas que todavía no han sido envenenadas por el miedo al extranjero, la posibilidad de una bienvenida sin prejuicios.